Revisión sistemática de la Colaboración Cochrane sobre el Efecto de la recesión económica sobre la salud mental:

Los países en recesión con alta tasa de desempleo y disminución de las condiciones de vida sufren un empeoramiento de la salud poblacional. Se revisa la literatura publicada entre 2004 y 2014 en revistas con revisión por pares e investigación no cualitativa, para probar la asociación entre factores económicos y salud mental. De 20.502 títulos y resúmenes recuperados se incluyeron 101 que cumplieron los criterios de inclusión. Se encontró evidencia entre recesión económica, desempleo, disminución de ingresos (renta) con problemas de salud mental, abuso de substancias y comportamientos suicidas. El análisis solo permite hablar de asociación posible pues las inferencias de causalidad no son posibles, ya que la mayoría de los trabajos son estudios de corte. La discusión es rica y prolija, apuntando implicaciones para la política y la investigación.

En esta completa revisión sistemática de la literatura se organizaron los resultados principales según los resultados de salud mental “clásicos” estratificados en cuatro grupos: a) Bienestar psicológico medido a través de variables de estrés de salud mental, autovaloración de la salud y el bienestar y, de la calidad de vida; b) Problemas comunes de salud mental como depresión y ansiedad; c) Problemas relacionados con el uso de sustancias: tabaco, alcohol y otras drogas; d) Informes de conductas suicidas: mortalidad, ideación, comportamiento e intentos. Los determinantes socioeconómicos se agruparon por: 1) Variables inter- tiempo: cambios pre u post recesión económica; 2) Indicadores macro: tasa de desempleo, PIB, desahucios…; 3) Indicadores micro: situación laboral, calidad y seguridad del empleo, ingresos por todos los conceptos, dificultades financieras, estrés económico percibido, deudas, privaciones…
Algunos resultados remarcables son que estudios llevados a cabo en Grecia y España muestran cambios en el bienestar psicológico, también en Suecia (mujeres) y Japón (en todos los estatus socioeconómicos). De nuevo, Grecia y España vuelven a aparecer en los problemas de salud mental más comunes, especialmente depresión. También en Hong Kong y Canadá. En trabajos realizados en EEUU, Alemania y Corea del Sur, se observa que en población desempleada, hay problemas de alcohol y uso de drogas. Y, comportamientos suicidas en Canadá, Australia y España, en población desempleada.
Se concluye que el trabajo precario e inseguro se asocia a afectación de la salud mental. También tener deudas y dificultades financieras. Las familias e hijos con estrés económico también sufren de deterioro de su salud mental. Por último un dato de causalidad inversa: en los 27 países de la UE, antes y después de la crisis, los individuos con problemas de salud mental previos son más vulnerables, con tendencia marcada a la cronicidad, mayor sufrimiento y aislamiento.
En general, aunque la evidencia va in crescendo, faltan estudios más completos y robustos que permitan aislar factores causales. Hay mucho estudio de corte y ecológico y no tantos de cohorte y ensayos comunitarios. Sin embargo, la repetición de muchos de estos estudios antes y después del periodo de recesión, permite señalar su asociación negativa y, el impacto consistente en el empeoramiento y el aumento de los problemas de salud mental. Dependiendo de la dureza de la crisis y de las medidas adoptadas por los distintos países, el daño varía, aunque se confirma el incremento de la prevalencia del estrés psicológico, de los problemas de salud mental más comunes, del abuso de substancias y, del comportamiento suicida. En este último, se apunta como hallazgo relevante la atención especial que requieren los que se enfrentan a presiones económicas y desempleo. La vulnerabilidad del 27% de los jóvenes europeos por debajo de los 18, en riesgo de pobreza y exclusión social, es un dato preocupante, que requiere de mayor y más enfocada investigación.
El artículo dedica un epígrafe a las implicaciones políticas y de investigación. Con concreción de líneas que mejoren los estudios llevados a cabo. También de medidas políticas, como programas de alivio de deuda de familias, que alivien la extensión y profundidad de los efectos de la recesión sobre los desórdenes mentales. La abundancia de diseños ecológicos y de corte limita la posibilidad de inferir causalidad. Hay que intensificar la evidencia empírica que propician los estudios de cohorte prospectivos a largo plazo. Que ello determine o no, acción política es otra cuestión más particular de cada país, donde la cultura, la exigencia ciudadana, el peso de la intervención pública y otros factores, son decisivos. En España hay ya algunas piezas de investigación (1-3) que dan pistas de intervenciones deseables ante situaciones conocidas y reportadas.
Las reformas estructurales y la implantación de medidas coste-efectivas que contribuyan a la mejora del bienestar mental y social de las poblaciones más vulnerables (desempleados, desahuciados, familias y niños y aquellos con problemas previos de salud mental), empujarán a crecer económicamente más y a cubrir adecuadamente las necesidades sociales deseadas por la mayoría de la población.